La mujer andina, taque silenciosa

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Maria Molinari 

La dimensión femenina en las comunidades andinas es una dimensión presente y en continuo cambiamiento. La imagen femenina en Huari y en las comunidades cercanas fue analizada observando las practicas cuotidianas y la practica del parto (elemento fundamental en la vida de la mujer campesina). La practica etnográfica se cumplió en el área urbana de Huari y en las comunidades en sus alrededor, particularmente en lo de Acopalca y Yacya.

En muchas zonas rurales de los Andes es todavía radicada la tradición, o por la mayoría es cuestión de necesidad, de parir en casa con la ayuda de las parteras. La figura de la partera es importante en las comunidades campesinas: con la ayuda de su experiencia y saberes las mujeres son conducidas y ayudadas durante el parto y a lo largo d todo el periodo del embarazo. La importancia que la partera da mientras se ocupa del parto es también la misma que pone en todo el evento: las curas a la mujer interesada y también a toda su familia (esto porque la mujer no se puede ocupar del ellos): en la búsqueda de las yerbas, la preparación de la comida, los rituales que se desarrollan antes y después del parto (la lectura de las hojas de coca y su colectivo chaqchar, el tratamiento del cordón umbilical y de la placenta con su enterramiento ritual, y mas adelante el bautismo y el primer corte del pelo). La partera se descubre ser no solamente una ejecutora de la operación obstétrica, sino su presencia se vuelve muy importante para toda la comunidad.

Los cambios socio-culturales y económicos que muchas populaciones están viviendo en las últimas decena de años se manifiesta evidente también en una practica importante como el parto: el gobierno hoy quisiera que las mujeres campesinas se adecuen a parir en el hospital para reducir a lo mínimo los riesgos de tomar enfermedades y asegurar que los nacientes se mantengan en vida en mayor numero. La transición a esta usanza muy lejana hacen de manera que todavía hoy muchas mujeres prefieran la cama de casa. Una de las razones es que el parto es un asunto de materia “cultural” y necesita de familiaridad y tradición. La manera en la cual se practica el parto en el hospital es una modalidad extraña bajo distintos aspectos: el ambiente estéril, la falta del todos los familiares, la presencia de personal medico de sexo masculino, tiempos diferentes, la falta de los remedios tradicionales (empezando de la alimentación hasta el uso de yerbas curativas). El parto es también el evento que mas que todo evidencia el vinculo entre la mujer y la tierra. Particularmente el simbolismo femenino es identificado con la Pachamama: la tierra y la mujer son creadoras fértiles. Ocuparse por ejemplo de las semillas ya cosechadas es un asunto exclusivamente femenino en el cual la mujer desenvuelve la tarea de nutrición y crecimiento de la familia a través de el abastecimiento y suministración de los recursos familiares. La unión de la mujer andina y la tierra es también evidente en la mitología: anteriormente las divinidades femenina eran relacionadas con la producción agraria y marina. En los mitos de creación del Tahuantinsuyu las posiciones de las mujeres se presentan en relación a los productos agrarios. Existe una relación entre las figura mitológicas femenina que dan origen a los productos agrario y las mujeres que, en particular conexión con ellas, se dedicaban a la trasformación de los alimentos para la oferta ritual y de los productos destinados a la redistribución. Las divinidades presentes en la mitología se distinguen en dos formas: las masculinas, relacionadas sobretodo con los fenómenos naturales (avalanchas, movimientos sísmicos, tormentas, rayos) y las femenina, que se hacen cargo de la necesidad vital de la humanidad ofreciendo a sus fieles los necesario para sobrevivir. La presencia de divinidades femenina en relación con los productos agrarios, junto con el vinculo de las mujeres con el planteamiento de las semillas y la preparación de los alimentos, define una evidente tendencia de la cultura andina para la unión de elementos femenino y fertilidad. No es casualidad que cuando nace una mujer es común decir “nació taque”, el mismo nombre usado para identificar el deposito para las semillas ubicado en una parte de la casa. No es ultimo el acto de devolver a la tierra, enterrándolos, el cordón umbilical y la placenta, teniendo cuidado de posicionarlos de manera que puedan ser benéficos para la fertilidad, o contrariamente, según la manera y el lugar donde se enterraron.

La complementariedad masculina – femenina es evidenciadas en muchos aspectos de la vida cotidiana, en las fases de las actividades agrarias como las tareas asignadas según el genero. La mujer, en la participación al espacio económico familiar, representa muy bien el aspecto productivo y el bienestar de la sociedad. Esta manera de ocuparse de sus tareas representa el mismo significado y la manera de comportarse de la “familia alargada” andina, como unidad funcional de producción y consumo dentro de la cual todos los miembros participan en los dos aspectos, pero con una asignación de las tareas que aciertan la reproducción del modelo familiar.

Un tema de grande interés hoy es el impacto de los cambios que siguen adelantandose, que entran en las casas de la gente llevando innovaciones en un mundo no siempre listo para recibirlas.

 Quiero agradecer Inti Cheppi de la escuela “Zappa – Fermi” de Borgotaro (Pr) por su trabajo de traducción.